
Image by gumball machine
Después de tanto traslado emocional y físico, saqué en claro varios conceptos resumibles en una máxima: Menos es más.
Menos trastos, menos ropa, menos libros,… menos cosas. Al fin y al cabo, ¿Cuántos de nuestros libros leemos a menudo? ¿Cuáles son imprescindibles? ¿Cuántos trastos guardamos «por si acaso»? ¿Cuánta ropa que no nos ponemos?
En mi casa nunca hacíamos cambio de armario, sino que utilizábamos el mismo. Cuando me independicé, comencé a hacer cambios de ropa por temporada porque realmente es más cómodo. De esta manera, también te das cuenta de qué ropa no te has puesto (un año más).
La semana pasada decidí que quería hacer una limpieza definitiva de mi ropa, aprovechando el cambio de temporada. Tan solo remover cajas ya me remueve el estómago. Tengo las emociones tan ligadas en el estómago que a veces me gustaría desconectarlo.
Mucha ropa son recuerdos, decisiones por tomar (¿tiro o guardo?), pasado, presente… ¿futuro? ¡Que ganas dan de tirarlo todo!
Después de mi mudanza hace y año y medio, de tener que empaquetar media vida en 3 días y movilizar a mis amigos para que me ayuden, quiero que «mi vida quepa en un coche y varias maletas». Es un objetivo complicado (y todo depende de en qué coche! jaja…), pero si puedo organizarme solita, mejor no?
El caso es abrir las ventanas, ventilar y liberar de pesos esta cuevita en la que vivo. Regalar lo que me hizo feliz, compartir, hacer un mercadillo… y caminar ligera por el mundo, como un cangrejo ermitaño que soy.








