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Mapas y maletas: Estocolmo

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Este trajín laboral que llevo de manera casi constante, hace que me ausente injustificadamente de mis brumas, muchas veces acumulando cosas que contar y posts que se evaporan. Quizá por querer escribir de una manera más global, resumiendo viajes, o elaborando posts sobre mi manera de ver la vida, a veces no cuento con el tiempo o los recursos necesarios para mantener el blog tan vivo como quiero.

Así que he tomado la determinación de escribir quizá de una manera más fugaz, más estilo cuaderno de bitácora cuando esté de viaje. A estos posts los catalogaré por Mapas y Maletas, que es realmente como resumo estas vivencias laborales, recorriendo ciudades europeas y descubriéndome en ellas.

Empezamos. En esta segunda temporada de viajes, voy sola. Antes del viaje siento una mezcla de incertidumbre y desasosiego, una cierta pereza por alejarme de mi nido. Al fin y al cabo, la tranquilidad y seguridad es lo que más reconforta a una parte de mi, a la niña creo. Mientras que los retos y el autodescubrimiento, motiva y empuja a a mi parte más aventurera.

Hoy he volado a Oslo y después a Estocolmo. Me ha maravillado contemplar desde el aire la silueta de Dinamarca, sobrevolar Noruega y descubrir unos bosques tupidos de abetos inmensos y árboles, lagos esculpidos entre valles y montes. Intensas brumas envolvian Oslo en una lluvia fría de otoño, contrastando con un Estocolmo mucho más amigable y despejado que me recibió con un suave y precioso atardecer (foto aerea).

Y entre trajín, problemas que se presentan, y yo me descubro en ellos mucho mas serena, aún nerviosa por los contratiempos, pero al fin y al cabo comedida, sujetando las riendas de las emociones, dando a la niña una piruleta para que se tranquilice.

Viajar sola tiene cosas buenas y cosas malas, por supuesto. No tengo con quien cenar o salir a tomar algo, pero yo misma organizo mi trabajo a mi manera, elijo los lugares en los que más me apetece cenar, me llevo de paseo y me rio y hablo a mi misma de las cosas que me llaman la atención. Ya me voy conociendo y se lo que me gusta, ventajas tendría que tener eso no? No compromisos, solo yo con mis circunstancias. Creo que ya me voy llevando mejor conmigo, aunque a veces tenga mis peleas, seguidas de reconciliaciones, como las de los amantes apasionados. Quizá consiga amarme algún dia como puedo llegar a amar a los demás. Parece un sueño pero… ¿por qué no? Por intentarlo no será…

Mientras tanto, encontrando(me) más el norte que nunca, deseo fervientemente encontrarme en mi cama con mi nuevo libro,regalito motivador para este viaje que estoy devorando y disfrutando, “Los ojos amarillos de los cocodrilos”. Algún trocito tengo ya marcado… a ver si puedo traerlo estos días!

Dulce semana, navegantes.
Namasté.

7 respuestas a «Mapas y maletas: Estocolmo»

Como se la buena compañía que eres no me extraña que te encuentres agusto. Se feliz y disfruta, pese a que estás trabajando, de una situación que muchos envidian (yo te envidio a ratos).

A estas alturas de nuestro viaje en común sobre el tapiz volador de las palabras te habrás dado cuenta que soy un viajero: mis confesiones literarias, mis recuerdos, me delatan… Hay múltiples y muy diferentes modos de viajar; no es lo mismo un turista que un viajero. Y hay viajes y “Viajes”… No obstante, de turisteo o de trabajo o peregrinando existencialmente, todo viaje es un mecanismo de defensa del individuo; el viajero es un insumiso, que diría Paul Morand…

Dices que viajas sola en esta ocasión… casi siempre viajamos solos y solitarios, Bruuu-maaah… Aunque viajemos acompañados por alguien que nos importa y en quien confiamos, compartiéndonos, solemos acarrear nuestras cosas y ensimismamientos en la mochila por si acaso, durante un tiempo… Emprender un viaje en común, temporal o para siempre (es un decir), es también saber compartir las soledades del otro, sus espacios de ausencia, de silencio, mientras nuestras respectivas almas aspiran a encontrarse y fundirse por fin, siamesas, en un punto verosímil allá donde las líneas paralelas confluyen más lejos del horizonte…

Dices que con este post inicias una nueva sección: “mapas y maletas”… me gusta tu idea, tus compromisos. Prometo seguir tu estela comentando sobre viajes y viajeros, reflexionando coralmente contigo. Hay tantas preguntas que hacernos y resolver a cuatro manos, ¿no? Te regalo unas cuantas para empezar… Y al final una frase epitafio…

¿Por qué viajamos los que viajamos? ¿Por qué rehusamos permanecer tranquilamente en nuestras habitaciones domésticas, en nuestros pueblos familiares? ¿Queremos encontrar nuevas triangulaciones de la realidad y la vida? ¿Queremos ser de aquí y allá, simultáneamente; o por el contrario, no ser de ningún sitio o lugar? ¿Viajamos porque somos inquietos por naturaleza, genéticamente, por educación? ¿Viajamos por deber o por necesidad? ¿Viajamos buscando lo desconocido, con la secreta esperanza de encontrar lo prometido aún sin conocer? ¿Se viaja porque nos sentimos estrechos en nuestro espacio social y necesitamos extender nuestros dominios mentales? ¿Viajamos para cambiar, o cambiamos nuestras perspectivas, viajando? ¿Viajamos para calmar nuestra ansiedad o para alcanzar exhaustos esa especie de “calma primitiva”, “Paz de Dios” que diría Bruce Chatwin? ¿Se viaja para ser únicos o para poseer experiencias diversas? ¿Se viaja por amor o creemos encontrar el amor sólo en el éxodo amoroso, transitando de un corazón a otro, de un cuerpo a otro también? ¿Viajamos para decir que estamos viajando, para escribir sobre nuestro viaje? ¿Qué nos guía en nuestro viaje: la curiosidad, la intuición, el instinto de evadirnos y huir, la esperanza y la creencia ciega en el Destino, la magia de un nombre que resuena en nuestra memoria sin saber muy bien por qué, la “simpatía” con algo incierto, una ética propia del viajero, su estética, la fascinación por lo desconocido, una enfermedad crónica del alma? Seguramente de todo un poco… ¿no?

Epitafio: “El verdadero viajero rechaza cualquier búsqueda del tiempo perdido —esas cosas son de traidores y arrepentidos; por el contrario, reivindica el tiempo por devenir, ir a su encuentro, reconocer a lo lejos”…

Saludos chilangos… Pau

Mi niña linda, creo que estás muy cerca, cerquita de quererte tanto como quieres a los demás.
Suerte en tu aventura, suerte en tus nuevos retos.
Te quiero cuando estás en el mediterráneo, te quiero cuando vuelas, te quiero cuando estás en el nido, te quiero cuando vienes a verme, te quiero cuando nos mandamos sms rápidos, te quiero cuando te leo y cuando te pienso… ¿no lo sabías? Te quiero.

Bruma, cuántos recuerdos me traes a la mente, no por el destino sino por lo que cuentas de la soledad, del conocerse, del verse a una misma afrontando situaciones… Seguro que acabas queriéndote tanto como te queremos los demás…
Namasté

Kalakanta: Gracias tesoro. Envidiame cuanto quieras, pero te haré un rastreo de los sitios más bonitos para cuando vengas tu en caravana, es un destino perfecto para eso. Un dia llegará… 🙂

David: cuanto tiempo! gracias! Un placer leerte y encontrarte. Un abrazo grande! Ven siempre q quieras, hay te calentito…

Tronan: Hoy mismo pongo foticos. Me hace grande tener gente como tu cerca… :)*
GRGR.

Pau: cada vez q vienes me dejas sin palabras y pensativa. Vaya cantidad de preguntas! 🙂
No voy a responderlas porque son bellas en lo etéreo del auto cuestionarse…
Me gusta la diferencia entre viajero y turista, ni me lo había planteado y hay todo un mundo! El viajero es un peregrino, consciente del inifito camino que recorre, maravillándose a cada paso y descubriéndo-se en el sendero. No es lo que ve, sino cómo lo ve.
Te llamo en el eco y te mando un beso.
Paauuuuu paaaaaaaaaaauuu…..
(escucha Eco de Drexler)

Tegala: Aish…. pero q me pones tierna! Siento tu cariño, tu apoyo y tu incondicionalidad. Qué bonito fue conocernos en una vida pasada y reencontrarnos en esta, brujita. Te adoro.

Shu: otra q me pone tierna! 🙂
Gracias por quererme y abrazarme en la distancia. Te siento (mas)cerca…
Eso de quererse si que es un peregrinaje verdad?
Namasté, lentamente.

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