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Mirada de otoño

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Creo que si mis ojos fueran una estación, serían sin duda el otoño…

El otoño siempre me ha generado melancolía.Volver a las obligaciones, ver marchitarse el verano, sentir frío,… Sin embargo, cambia la mirada cuando el otoño dibuja en colores, satisfecho, tras la plenitud del verano. Recuerdo una excursion que hice con mis padres hace ya algunos años, ni ellos ni yo se habían divorciado. La llevo dentro con cariño porque hicimos juntos un viaje breve en el que todo fue fantástico. Recorrimos el Parque Natural de los Ancares, en Lugo, una zona impresionante y maravillosa. Toooodas las montañas estaban repletas de colores: verdes, amarillos, rojos vivos, naranjas, marrones. Un mosaico de belleza que adquiría aún más esplendor con los rayos del sol.

En aquel viaje llovía y hacía frio. Tomamos caldo galego en una palloza y de manera mágica apareción una banda de gaitas que estaba ensayando para una cena que habría despues. Cogimos en aquel viaje unos 20 kilos de castañas deliciosas, mientras llovía; ibas viendo una y otra, entre las hojas secas, y no podías parar de recogerlas. Compartimos mucho en aquel viaje: buena comida gallega (nunca falta), momentos de complicidad y magia, naturaleza, cercanía y tranquilidad. Quizá fue un día y medio, pero yo no olvidaré nunca. Da igual lo que vino después, las separaciones y las tristezas, yo me quedo con aquellos momentos, esa vista sobre las montañas gallegas pintadas de colores.

¿Y a qué viene esto? Pues simplemente os iba a hablar del maravilloso otoño de Oslo y se me ocurrió que no es maravilloso por ser noruego, sino por ser otoño. Y el otoño nos envuelve y nos mece a todos los de este lado del mundo; nos susurra palabras tranquilizadoras mientras llegan los fríos, nos va quitando las hojas poco a poco… despacito… para no hacer daño. Hasta quedarnos desnudos y temblones, limpios, para volver a renacer con las hojas verdes.

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Otoño de la cabeza a los pies. Desde los pies, hasta el alma… 😉

11 respuestas a «Mirada de otoño»

A mi también el otoño siempre me ha generado como tristeza. Soy una persona que vive el verano, me gusta, el calor, el sol,… es como recuperar toda la vida perdida durante los meses de invierno.
También tengo que decir que el otoño en el Retiro es muy bonito, con todos los colores diferentes de los árboles formando una acuarela.
Espero que no te moleste el comentario. Me llamo Jorge. Pasa cuando quieras por mi blog 🙂

Yo que vivo en un sitio donde no hay invierno, el otoño y el verano son las únicas estaciones, la llegada del otoño no me pone triste, resulta un cambio y resulta interesante. Llega un momento que la ropa de verano aburre un poco y como este otoño es tan ligero resulta agradable. Ven en enero a disfrutar nuestro otoño. ¿Te apetece?
Me gustan las fotos, me gusta tu otoño. Como ya sabes, aquí si hay otoño-invierno, es verde y no blanco, ni marrón, marrón es el verano… y el negro que siempre está.

Besos, besos, besos.

Tongue: Que bien q estas cerquita… ¿quieres un te? Cafe mejor? Expresso… 🙂
Achuchon!!

Jorge: ¿Como me va a molestar tu comentario?? Es un placer… Pasa cuando quieras, tómate algo y siéntate en los cojines del salón. Los comentarios son mas que bienvenidos, lo mas bonito es interactuar!
Un abrazo!!

Tegala: cosa bonita. Quiero quiero quiero disfrutar vuestro otoño y estaré alli en menos de lo que esperan, ya verás!
Me alegro que tegusten las foticos, mandaré más. Un achuchon gradote desde miles de km de distancia.

Muy bueno ese ojo “otoñal”…
Por aqui en Sevilla ha empezado a soplar viento, de vez en cuando cae una ténue llovizna, pero nada que ver con eso, creo que el cambio definitivo aún no se ha producido, todavia quedan reminescencias del verano,
(“reminescencia”, vaya palabreja, suena bien, desconocia que la tenia en mi vocabulario)
Bueno, me despido, que creo que ya me estoy alargando demasiado.
Feliz Otoño.
Bye!

Tránsito: Me alegra que te guste… 🙂
Me gusta saber cómo esta esa Sevilla que aun siento algo mía, me iras contando de vez en cuando? No te alargas, es un gusto conversar…. Sientete en tu casa. Feliz otoño!
Namaste, pasajero.

Hablando de melancolías y tristezas otoñales, hace unos días le contaba a una amiga acerca de una enfermedad melancólica con raíces en la naturaleza, no en el espíritu… No sé si sabrás que la palabra inglesa “Sad” además de ser un adjetivo que se traduce corrientemente como “triste”, son las siglas —SAD— de una enfermedad diagnosticada hace unos pocos años en USA: Seasonal Affective Disorder… Con la celebración del Día de Acción de Gracias a finales de noviembre comienza la pendiente hacia el solsticio de invierno; casi todas las hojas de los árboles han caído, los días son cada vez más cortos, el sol está muy bajo en el horizonte. Además, en las costas atlánticas de USA, sobre todo en Nueva Inglaterra, el cielo suele estar nublado y se suceden las tempestades; mucha gente cae en una especie de tristeza depresiva que ha sido diagnosticada como un desarreglo o afección estacional a veces severo y preocupante.

Para los que nada más aparecer los meses fríos y oscuros caen en la “tristeza” del SAD sus consecuencias pueden ser muy severas, incluso caer en la tentación del suicidio… Generalmente un cambio de “luz”, es decir unas pequeñas vacaciones en el sur o en zonas más cálidas y sobre todo más luminosas pueden hacer el milagro de contener la depresión e incluso curarla hasta el nuevo año… Si por la causa que fuere el paciente no puede “cambiar de luz”, de ritmo vital, sus sentimientos pueden ser terribles: el enfermo cree que “ya no puede resistir más”; algunas veces se necesita incluso la hospitalización. Pero sin llegar a estos extremos, reconocemos consecuencias médicas y sociales bastante graves: cambia el humor, algunas personas entristecen hasta el punto de experimentar una verdadera pena y dolor; otros tienen una gran ansiedad o se hacen más irritables; a veces su irritabilidad puede llegar al extremo de la violencia. También disminuye la actividad física del paciente, que se hace más sedentario e inactivo; el apetito parece aumentar, pero sólo de carbohidratos (azúcares, almidones o alcohol), y también puede desarrollarse una Hypersomnia, lo que le hace dormir muchas horas más… etc.

Vuelve pronto al sur, Bruma, no te vayan a pillar las brujas del norte… Ummm… esos ojos acastañados… son dulces y “verdadeiros”…

saludos de madrugada: pau

Hola de nuevo Pau!

Que curioso…. No sabía yo eso de SAD. En verdad somos muy afortunados en nuestro país por vivir en un equilibrio climático, con nuestras estaciones y esa luz del sol q nos reaviva el invierno. Ya estoy en el sur, más que contenta, por lo vivido y por lo presente. Un abrazo, navegante de madrugada.

Para mí el otoño es una estación que me encanta y seduce. En este sur de reminiscencias, como dicen por ahí, veraniega siento nostalgia de los otoños castellanos de chopos amarillos y de ráfagas frías que anuncian la quietud del invierno. UN besote.

elbucaro: Que preciosa imagen del otoño de hojas castellanas…. El que he conocido en Oslo es muy similar, realmente precioso. Al final es nuestra virtud saber ver mas allá de la melacolía de la estación, el frio, la lluvia y el momento de meterse un poco el la cueva.
Pq no coger las botas de agua y salir a la calle?? 🙂
Un abrazo!

Ayer sentí el otoño por primera vez. Un delicioso paseo, cayendo ya las hojas de los árboles, sintiéndolas cómo nos rozaban. Fue un momento mágico, en le que no hubo melancolía, ya que también el sol nos acariciaba.
Achuchón intenso 🙂
(Aunque no me gusta quitarme las sandalias y calzarme con calcetines;))

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