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AUSTRALIA

Parece mentira que os vaya a hablar del viaje de mi vida un año y medio después de haber ido, y que lo haga gracias a una película.

Ayer fui al cine a ver Australia, the movie. Me gustó mucho, si dejamos de lado los tintes pastelosos típicos de las películas americanas. Volví a acariciar la cultura aborigen y me cautivó el personaje de Nullah, que narra la historia. Los aborígenes tienen una mirada especial, una profundidad indescriptible, y magia, esa magia que les acompaña por estar conectados a la naturaleza con los 6 sentidos. Me fascinan.

Fue inevitable volver a recordar aquellos maravillosos días cumpliendo un sueño: pisar tierra australiana. Era mi deseo mas antiguo, que recuerdo tener siempre conmigo, pero al parecer fue entorno a los 3 años, cuando veía con mi padre un atlas. Me explicaba los animales que había en cada sitio y cuando me habló de Australia, dije que quería ir. Y como tenaz soy un rato largo, cumplí mi sueño 23 años más tarde.

Visitamos primero Bali, del que ya os hablé hace mucho (quería hacer varios posts sobre el viaje pero las circunstancias me llevaron pa’dentro de mi misma). Y luego entramos a Australia por Darwin, en el Territorio Norte. Esta zona, el Outback, fue lo que más me gustó y a donde me gustaría volver, porque reúne la monumentalidad de la naturaleza en su esencia. Visitamos el Parque Nacional de Kakadu, navegando entre centenares de aves distintas, observando a los cocodrilos a pocos metros (y así me di cuenta que hasta ahora es el animal que mas terror me inspira, sobre todo cuando te mira), contemplando uno de los más hermosos anocheceres de mi vida, envueltos en el anaranjado tinte del cielo sobre las aguas del río.

El cielo es inmenso y único, quizá efecto óptico por las extensiones de tierra de km y km en línea recta, o quizá porque Australia tiene magia y hasta el cielo, es cielo en estado puro.

El lugar donde pude acariciar esa magia con mayor intensidad fue en el desierto, al sur del mismo territorio norte, y a varios miles de Km de Darwin (alli todo es tan grande…). La tierra roja me cautivó y me quedaron ganas de caminar y caminar entre las rocas inmensas que impresionantemente aparecen orgullosas en el vacío de un desierto.

Recuerdo el momento en que vi el Uluru por primera vez, a 150 km de distancia, y se veia enorme. Sobrecoge la idea de imaginar sus 2km de ancho y 348 mts de alto, contorno de 9km y 2,5 km de profundidad bajo la tierra. Como un gran iceberg de roca, hecho de solo una pieza. Alucinante no?

Era fascinante conducir a su lado y sentirlo palpitar tan cerca. Acariciarlo, jugar la arena de terciopelo que yace a sus pies, escuchar el viento como canta y erosiona dibujos en su superficie. Magia pura.

Creo que allí encontré algo, Australia me llamaba desde hacía años para despertar en mi el instinto. De manera más tangible, fue el hecho de verme capaz de conseguir un sueño lo que mi hizo replantearme mi vida cuando volví. Todo de manera muy sutil, progresiva y serena, como me sucedió un año después con el Camino. No cambian las cosas de color en un mes, pero sí adquieres nuevas perspectivas. Tras admirar la magnitud del cielo australiano, cualquier reto parece pequeño.

Podría pasarme horas recordando con vosotros aquellos días, pero soy consciente de que es difícil transmitir algunas sensaciones a quien no las ha vivido. Si habéis tenido la fortuna de cumplir un sueño alguna vez, es ese momento en que te ves en el lugar deseado y te dices a ti mismo «no me puedo creer que esté viviendo esto». Casi te dan ganas de pellizcarte. Y en ese momento te zambulles en la vida para empaparte.

Fueron muchos momentos los vividos en aquellas 3 semanas de éxtasis, acompañada de quien fue mi compañero durante 7 años, y a quien llevaré conmigo siempre, aunque llevemos caminos distintos. Juntos vivimos grandes experiencias como…

– Cuando se cruzó en la carretera el primer canguro. Incredulidad y felicidad extrema.
– La inmensidad del cielo australiano y el primer amanecer que vi conduciendo hacia Kakadu.
– Alojarme en un hotel con forma de cocodrilo!
– Pasear en barco entre cocodrilos y cientos de aves
– Conducir por el desierto
– Cuando vi el Uluru por primera vez, cuando lo toqué…
– Coger en brazos un Koala (mi amiga Chibi).
– Dar de comer a los canguros
– Sobrevolar en teleférico la selva tropical
– Nadar en la barrera de coral, en mar abierto (uish)
– Ver saltar a las ballenas (impresionante)
– Aprender a amar las aves
– Acercarme a la cultura aborigen
– Ver nadando a un ornitorrinco (platypus en inglés); son tan bonitos…
– Conocer la existencia de las Kookaburras, un ave preciosa que se ríe y no pude ver en persona
– Navegar por la bahía de Sidney, junto a la Ópera
– Mi amigo Joe el canguro, que venía cuando le llamaban y comía caramelos de menta.
– Contemplar el anochecer más largo de mi vida, volando de Sidney a Adelaida, en la dirección en que el sol se ponía, por eso íbamos detrás de él. 🙂

Y es esto que vivimos lo que nos enriquece y llevamos siempre con nosotros. Recordar como se aferraba un Koala a mis brazos o como Joe me pedía caramelos…

En la película había una canción protagonista, que Nicole Kidman le enseña a Nullah, y él dice que es una canción de los sueños, porque más allá del arcoiris… vuelan pájaros azules… 🙂


Gracias Carla. Sonríe Fernan.

…And I think to myself… what a wonderful world!

7 respuestas a «AUSTRALIA»

Tuvo que ser un viaje realmente alucinante! realmente alucinante. Sigo pensando en las medidas del Uluru y me ha gustado mucho la foto del retrovisor, es muy chula.

WOW!!

Tronan, Australia es de WOW, si que es cierto. La foto del retrovisor la hice conduciendo! toma ya! No veas la experiencia de cruzar el desierto en mi enorme todoterreno! 🙂

Sula, gracias a ti por cogerme de la mano y venirte un ratito hasta Australia! Un beso de año nuevo. Guapa.

la foto es total Bruma. Si alguna vez me vuelvo a casar, te contrato pa el reportaje. je je. Epero que pronto pueda sonreir de verdad «living into the rainbow». Un beso

Sonríe, Fernan, los motivos te rodean… y si no los ves, piensa que están ahí. Ya se te despejarán las brumas…
Fe. 🙂

Beso.

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