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Pensamiento Semanal: ¿Por qué no? II

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Ya hemos hablado de enero, de los comienzos, de los descubrimientos…. hace algo más de tiempo hablamos también de los limites, de los miedos,…. Y esta semana vamos a reflexionar más (ya lo hicimos en su momento) sobre el poder de estas 3 palabaras: ¿Por qué no?

A menudo, sumidos en la corriente, no nos damos cuenta del origen de muchos de nuestros comportamientos. Nos limitamos, nos censuramos y frecuentemente sin saber por qué. Bien por algo preestablecido, bien por costumbre, bien por miedo a equivocarnos, o por miedo a salirnos del camino marcado….

El caso es que ante esa posibilidad, ante esa duda previa al momento de una decisión, es cuando debería aparecer en nuestra mente esa pregunta….. ¿y por qué no lo voy a hacer? ¿por lo que piensen de mi? ¿por miedo a equivocarme? ¿por costumbre? ¿porque lo hace todo el mundo?…. Tú mismo tienes las respuestas a tus preguntas…. Cuando te escuches lo sabrás. 🙂

Ten en cuenta también que solemos arrepentirnos más de lo que no hemos hecho que de los pasos que no debimos de dar en su momento. Todos sabemos lo que escuece por dentro el pensar: ¿qué hubiera pasado si…? y no tener la ocasión de comprobarlo, palpar la imposibilidad de volver atrás para coger un tren que ya se ha marchado.

Cuestiónate a ti mismo, mírate fijamente y atrévete a vivir.

Y encontraréis un poco de mí en esta canción, a la que incorporo la letra y traduzco bajo petición….

Mike Oldfield Lyrics

11 respuestas a «Pensamiento Semanal: ¿Por qué no? II»

Esas tres palabras “porqué no?” me recuerdan un breve relato de Jorge Bucay que me permito compartir.

Éste:

EL ELEFANTE ENCADENADO

Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los
circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me
llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enrome bestia hacia
despliegue de su tamaño, peso y fuerza descomunal… pero después de su
actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba
sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas clavada a
una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo, la estaca era solo un
minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y
aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal
capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad,
arrancar la estaca y huir. El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces?
¿Por qué no huye? Cuando tenía 5 o 6 años yo todavía en la sabiduría de los
grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por
el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se
escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: -Si está
amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna
respuesta coherente. Con el tiempo me olvide del misterio del elefante y la
estaca… y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se
habían hecho la misma pregunta. Hace algunos años descubrí que por suerte
para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta:
El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca
parecida desde muy, muy pequeño. Cerré los ojos y me imaginé al pequeño
recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el
elefantito empujó, tiró, sudó, tratando de soltarse. Y a pesar de todo su
esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que
se durmió agotado, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y
al que le seguía… Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal
aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y
poderoso, que vemos en el circo, no se escapa porque cree -pobre- que NO
PUEDE. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia
que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a
cuestionar seriamente ese registro. Jamás… jamás… intentó poner a prueba
su fuerza otra vez…

Con esa reflexión os saludo.

yo creo firmemente en esa frase… aunque bajo otro aspecto: “no hay nada más inútil que el verbo si hubiera”… o este otro: vale más arrepentirse de haber hecho algo que arrepentirse de no haber hecho nada.

@ Anónimo, me encanta ese relato… gracias por traerlo, es un buen complemento.

@ Desesperada, totalmente de acuerdo con las 2 citas, especialmente la segunda… 🙂

Un beso grande, y, ¿por qué no? tambien un abrazo! jaja…

Abundando en la idea fundamental de este post… esta mañana dudaba entre el relato del Elefante Encadenado o el que sigue, que no quiero que se quede en el tintero. Es también de Jorge Bucay… altamente recomendable.

Que lo disfrutéis:

“Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de crema. Inmediatamente sintieron que se hundían; era imposible nadar o flotar mucho tiempo en esa masa espesa como arenas movedizas. Al principio, las dos patalearon en la crema para llegar al borde del recipiente pero era inútil, sólo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse. Sintieron que cada vez era más difícil salir a la superficie a respirar. Una de ellas dijo en voz alta:
—No puedo más. Es imposible salir de aquí, esta materia no es para nadar. Ya que voy a morir, no veo para qué prolongar este dolor. No entiendo qué sentido tiene morir agotada por un esfuerzo estéril. Y dicho esto, dejó de patalear y se hundió con rapidez siendo literalmente tragada por el espeso líquido blanco.
La otra rana, más persistente o quizás más tozuda, se dijo:
— ¡No hay caso! Nada se puede hacer para avanzar en esta cosa. Sin embargo ya que la muerte me llega, prefiero luchar hasta mi último aliento. No quisiera morir un segundo antes de que llegue mi hora. Y siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar, sin avanzar un centímetro. ¡Horas y horas!
Y de pronto… de tanto patalear y agitar, agitar y patalear… La crema, se transformó en manteca. La rana sorprendida dio un salto y patinando llegó hasta el borde del pote. Desde allí, sólo le quedaba ir croando alegremente de regreso a casa.”

Saludos a media tarde.

Hoy los comentarios van de historias:
-“Ya estoy cansada de ir con la corriente. Es momento de echar a nadar”
-“Pues ten cuidado, no te ahoges”

A veces, ese falso sentido de responsabilidad y seguridad con el que atacan los conformistas a los “y por qué no?” , es un obstaculo que enorme que solo algunos valientes deciden saltar.

Besos

Hoy no puedo escribir…

Le dejo una frase a quien lea esto: “No es porque las cosas sean difíciles por lo que no nos atrevemos; sino que por no atrevernos ellas se hacen arduas.”
Séneca.

Un abrazo, entre brumas.

¿Por qué no?… Esa es la llave que abre muchas puertas, puertas que, en la mayoría de los casos, nos cerramos nosotros mismos.

Nuestra propia mente nos traiciona, dudas, miedos, inseguridades, malas experiencias…
Una mente lógica y analítica es muy útil para tomar decisiones, pero… ¿qué pasa cuando la decisión tiene una carga emocional?
Es en ese momento cuando la mente se satura, los pensamientos negativos nos inundan, nublando nuestro juicio, nuestras posibilidades, nuestros verdaderos deseos…

Es entonces cuando debemos ser valientes, y decidir con el corazón.
Decidir con el corazón siempre es arriesgado, pero la mente no entiende de emociones, por lo que no garantiza una decisión acertada; así que, ¿qué perdemos por intentarlo?

Ante la duda, los miedos, las inseguridades y las heridas del pasado…, escucha a tu corazón, porque su consejo, aunque no sea el más “seguro”, no deja lugar al arrepentimiento; a esa tremenda pregunta sin respuesta: ¿qué hubiera pasado si…?

Estupendo el post de hoy Bruma, y estupendos los comentarios, y muy certeros. Es mas, puedes estar un tiempo arrepintiendote de haber hecho algo que no salió como esperabas, pero si no lo haces te puedes arrepentir toda la vida.
Cuando te haces esa pregunta y empiezan a salir todos tus miedos, es el momento de cojer impulso y dar un paso adelante.
Abrazos

Puede que “¿por qué no?” sea una de las preguntas más valientes que deberíamos colocar en todas las situaciones de nuestra vida y de lo que nos rodea, nos enseña esas puertas que podemos abrir y que desconocíamos en forma de nuevas posibilidades. Cada vez me resultan más interesantes los temas que publicas, eres toda una exploradora de sensaciones y pensamientos. Besos

A pesar del derrotismo que puede sobreentenderse en estas palabras… “…todo lo que empieza tiene un final…”, pero no debemos observarla desde esta óptica derrotista. Simplemente debemos hacer lo que sintamos en cada momento, sin pensar en pre y perjuicios, estándares sociales, estigmatización, etc. No permitamos que cuando acabe digamos “vaya, podía haber hecho esto… me quedé con ganas de hacer lo otro… y sucedáneos” porque para entonces ya habrá acabado. Simple y llanamente vivamos cada instante y cada momento…

P.D. Me permito el la humildad de escribir unas líneas de mi libreta de hace un tiempo:

“Porque la libertad es decidir, decidir no es escoger sino actuar, y actuar es accionar nuestros impulsos, mostrando la liberación intrínseca de uno mismo…”

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