22 Ene 2012

Archivado en En Batallando con el mundo, De todo un poco, En mis ojos | 8 Comentarios

El Almendrito Valiente

Era diciembre. Frío. Helado. Todas las hojas ya se habían marchado.
En el campo se respiraba esa calma tan propia del invierno.
Las ovejas pastaban tranquilamente.
Los pájaros se atrevían con solos y coros.

El almendrito más nuevo de la zona desconcertó a los presentes.
Abrió la primera flor sin consultar, sin coordinarse con sus compañeros como cada año.
Bullía de ganas de abrirse a la vida. Ardía en deseos de perfumar su entorno.

Una vez desplegados los pétalos de su primera flor, no cesó de expandir su aroma.
Consciente de lo efímero del momento, no había más que presente.
Aparte las envidias, las miradas de reproche por su osadía, las palabras no dichas.

Se sitió junto a la muralla de la finca, aparte de todos los almendros alineados.
Se dejó querer, observar, piropear.
No eran tantos quienes le observaban.
La mayoría de los conductores que pasaban por allí, estaban gobernados por la prisa.

Pero a él todo le daba igual.
Abría sus flores, se colmaba de sol, de mimo, de vida.
pronto perdería sus flores y se concentraría en sus hojas.
Después vendría el esfuerzo de dar sus frutos.
Quedaba todo eso tan lejano. Las hojas, el tiempo, los frutos.

Sólo presente, una mañana llena de luz, los mimos, la vida.

  1. Precioso relato…

    El cerezo es… solo eso, es.

    Gracias Bruma… muchas gracias.

  2. Perdón… almendro… en que estare pensando yo… ains….

  3. ¡Cuánta dulzura!

  4. Maravillosa naturaleza que te inspira para
    escribir tan lindo! Encantadora!
    Te cuento que ayer estuve escuchando tus
    relatos, que bien lo haces!!
    Muchas gracias Brumi!
    Un besote :)*

  5. hermoso canto a la naturaleza, a la vida, a las cosas cotidianas…

    hermoso tu corazón que lo capta.

    biquiños,

  6. Preciosas sensaciones percibo a través de tu relato…

  7. Bruma, gracias por traerme un almendro en flor a la ventana.
    Besos de isla a isla

  8. Bienventurados los que nadan a contracorriente y los que no piden permiso para florecer.

    Gracias, Blumita.

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