Hoy el frío se adereza con lluvia, melancolía, malestar físico y pelín de desarraigo. En el aeropuerto digo adiós a mi primera visita en el nuevo hogar y siempre me generan las despedidas unas digestiones pesadas.
Me tomo una cápsula de Travis y canto… Nada mejor que una de mis favoritas y una letra bien cargada…
No hay reencuentros sin despedidas.
Mañana lucirá el sol más bonito gracias a las nubarrones de hoy.
Eterna optimista melancólica…
PS: Ayer leí una gran noticia… Discazo de Marlango a la venta el 2 de Marzo… «The life on the treehouse»
Entre el frío y el te, una bufanda de rutina ayuda y abriga. Parece que todo ha sido siempre como es ahora y hace días que he aterrizado en mi nuevo entorno. Son momentos en los que me sorprendo carente de pequeñas cosas que solo el tiempo me podrá dar.
Es curioso cuánto creemos que nos protege la rutina de lo conocido. El mismo entorno, los amigos, el trabajo que ya hacemos con los ojos cerrados. Cuando todo el cascarón cambia es cuando más cuenta me doy de la importancia que tiene el trabajo realizado con nosotros mismos.
No soy autodependiente, ¡ya me gustaría! Pero en los últimos años sí he aprendido a disfrutar más de mi misma y de las cosas que me gustan; algo que me ayuda en estos momentos en que mis mejores amigos están lejos. Llevándome al cine cuando estaba sola, regalándome pequeños momentos, paseos, aficiones… hice un fondo de ahorro para mi autodependencia.
Lamentablemente, este fondo me alimenta hasta quitarme el hambre, pero no me colma hasta saciarme por completo. Tendré que ir sembrando desde cero para enriquecerme de otras personas, como ya hice hace 8 años en una ciudad entonces nueva para mí (que me despidió con una fiesta hace 3 semanas).
Alguien me dijo que mi camino es un sendero en solitario. No que estuviese siempre sola, sino que el trabajo y la lucha los tendría que hacer por y para mí. Todavía soy muy inmadura emocionalmente como para aceptar la soledad. Hay algo el mí, el Niño interior, que se revuelve buscando consuelo y cariño fuera de sí, como cuando nos revelamos por no querer ir al colegio y sabemos que tarde o temprano tendremos que hacerlo. Es inevitable. Mirarnos cara a cara.
Escuchando…
«Time exists but just on your wrist so don’t panic
Moments lasts and lifetimes are lost in a day
So wind your watches down please
‘Cos there is no time to lose
And I’m gonna stay here indefinitely
And I wanna stay here so just let me be»
De la roqueta en la que ahora resido, una de las cosas que más me gusta es que el tiempo es más vivo y cambiante; me recuerda a Galicia (pero con más humedad y mejores veranos).
Llueve, graniza, hace sol, vuelve a llover a cantaros, hay rayos y truenos, llueve, sale el sol. Por estos cambios, la vida me ha regalado varias veces en estas 2 semanas unos preciosos arcoiris. Uno de ellos fue un día que iba a trabajar, acompañada de la incertidumbre y la pereza de las primeras veces. El arcoiris parecía nacer del lugar al que yo me dirigía! Fue especial.
Hoy al mediodía, en mi nueva clase de yoga, me encantó encontrar tras el enorme ventanal un gran arcoiris delante de unas nubes negras. Se disipó poquito después de verlo y me sorprendió que solo otra chica y yo nos diésemos cuenta de que había un arcoiris delante de las nubes negras. ¿Estarán acostumbradas a los arcoiris y ya no les dedican sorpresa y admiración?
«…Dime con tus dedos
Que no habrá más peros
Que siempre seremos
Mientras nos toquemos
Luz entre las ramas
Seis de la mañana
Llegan los colores
Nacen las fragancias
Dime esa palabra
Que tus ojos cantan
Como fluye el viento
Como corre el agua
Entre las montañas
Bésame los labios
Tócame la cara
Que me tiembla el alma…»
Cajas. Fiestas. Abrazos. Apoyo. Serenidad.
Comienzo. Soltar. Ilusión. Amor. Kilómetros.
Estas son las 10 palabras que podrían resumir mi vida en la última semana. Las acabo de escribir de manera impulsiva y me gusta comprobar que no aparece final, sino comienzo. Es la manera de ver la vida, el vaso medio lleno.
Mi vaso está más que medio lleno y me siento afortunada por todo el cariño recibido de mi familia y amigos. No hay distancias cuando los sentimientos nos unen y por eso precisamente no siento que haya dejado mi ciudad por otra, sino que he comenzado cosas nuevas en otro lugar.
En la Andalucía que me acogió durante casi 8 años quedarán sus calles laberíticas para perderme, su perfume, su alegría, su sol casi permanente, su vera del río, sus tapitas. Volveré siempre que lo precise para llenarme de ella y de lo más importante, Los Míos.
Ahora me dejo seducir por un lugar y veo el mar de lejos cuando voy en coche a trabajar. La luz es distinta, hace más frío, la gente es más introvertida en un comienzo y creo que menos falsa cuando las barreras se rompen. Mi casa nueva es algo más grande y mis cajas de libros serán mesita junto al sofá porque no caben en las estanterías. Es el encanto de los comienzos y los apartamentos pequeños.
El ritmo diario será más trepidante. Incluso pensé cerrar esta ventana, pero Bruma necesita ser escuchada de vez en cuando, necesita reflexionar, escribir metáforas, soñar, compartir. Ambas comenzamos hermanadas esta aventura, quizá por eso la serenidad y la cautela me acompañan más que nunca. (No viene mal recordar que «esto también pasará»)
Queda mucho, tanto por hacer, tanto… que no me importa. Tanto que solo me importa el Ahora, y quizá esa es la llave de mi calma. Cuido mi energía como quien cuida una planta. Tras el «trasplante», me observaré, me regaré y me echaré abono, a ver qué florece en primavera!
Y tu, ¿en qué palabras englobarías tu momento actual?
Vuelvo a la realidad tras unas merecidas vacaciones y una desconexión total de la realidad. Comienza la cuenta atrás para pasar página a un significativo capítulo de mi vida. Quedarán atrás muchas cosas, pero solo miro adelante y afronto con ilusión mis nuevos proyectos: trabajo, convivencia, crecimiento personal…
De nuevo planto cara a las cajas. Regalo cosas que no usaba y ahora ilusionan a otros. Etiqueto cajas de recuerdos; entradas de conciertos, conchas de playa, piedras, notas, cartas. Despegaré las fotos del corcho y trasladaré mi sol de armonía a mi nuevo dormitorio.
He borrado los mensajes de mis armarios, he de dejar todo despejado para el nuevo inquilino o inquilina para que disfrute de la misma energía de la que yo he disfrutado en mi pequeña cueva. Ahora escribo breves mensajes para sobrellevar el estrés de estos días: «Solo son cosas», «Poco a poco» y el más importante«Esto también pasará».
No habrá despedidas de algunas personas a las que visitaré con frecuencia, personas que han sido mi familia en una ciudad ajena, que me ayudaron a trasladar mi corazón de mudanza hace un año y medio y comparten conmigo el placer de lo cotidiano.
El mar estará a mi vera, unos brazos se tienden, muchos anocheceres esperan ser contemplados. No puedo pedir más, porque es por lo que he luchado desde hace meses. Centraré mis energías en seguir aprendiendo a soltar, en hacer por y para mí, en trabajar la madurez emocional, en vivir el presente.
Camino hacia mí misma, lleno mi coche con cajas y me embarco a un nuevo capítulo. Como dicen los Piratas, Fin de la Primera Parte. 🙂
Tengooo y lo que tengo lo mantengo a base de amor y fe….
Tengo una maleta, tengo días para mí, tengo muchos abrazos, tengo ilusiones, tengo calma, tengo silencio, tengo palabras bonitas, tengo pan, tengo castañas, tengo luz, tengo, tengo, tengo y sino me lo invento… y teniendo lo mío así no dependo….
Tengo un duende, tengo mar, mucho mar, tengo memorias del desierto, tengo amor de lava, tengo libros por leer, tengo papas con mojo, tengo un buho, tengo un bosque, tengo un bárbaro, tengo kilómetros y tengo combustible.
Tengo un puerto en mí y un barco amarrado en Puerto Presente.
Hace unos días mi amiga Ester me regaló un momento único que me llenó de energía: recorrer mi ciudad en bici. Creo que no subía desde hace 15 años y hasta me daba algo de cosilla subirme pero una vez empecé a pedalear, la vida cobró una nueva dimensión.
La brisa de otoño (aun cálida), los retazos de conversaciones, la velocidad, el equilibrio, la diversión… La vida en estado puro.
¡Que bonito fue pedalear sobre el presente!
Cómo me hubiera gustado comenzar a volar mientras pedaleaba…
Quizá la próxima vez y si llevo unos globos… 🙂
Ahora mismo estoy dando prioridad a mi blog sobre un montón de cosas que tengo por hacer. Llevo días con posts en la cabeza que si no escribo se evaporan y me da pena. Llevo días con ganas de comunicar y compartir, pero las circunstancias me hacen fluir rápido y sin pausa, como el cauce de una cascada.
Hoy es mi último día de trabajo. Por fin he conseguido un trabajo nuevo, y comienza un nuevo capítulo de mi vida, lleno de retos, ilusiones y esperanza. Esto es material para otro post que tengo en mente e intentaré dejar bocetado o programado para publicar; no quiero amontonar todas mis vivencias recientes y comunicar a trompicones!
A veces la vida lleva un ritmo que te cuesta seguir. Es una cadena de acontecimientos uno tras otro. Ya lo digo con frecuencia… Estonosepara estonosepara…
No tenemos otra opción más que fluir, al ritmo trepidante de la vida en unas ocasiones, y al ritmo pausado y sereno en otras.
En unas horas comenzaré 2 semanas de desconexión. Descubriré nuevos paraísos atlánticos la primera semana y me dejaré abrazar por mi tierra meiga y su aroma de castañas y tierra mojada en la segunda semana.
Sigamos fluyendo… Salud, poesía y energía para vosotros.
La semana pasada me escapé a Cádiz por trabajo. Conseguí llegar antes de ponerse el sol y antes incluso de entrar a mi hotel, fui rauda y veloz a la playa de la Caleta para ver la puesta de sol. Cádiz me encanta, por su luz y esa energía atlántica que la rodea. Esa tarde había nubes y la puesta de sol no fue tan fotogénica como en otras ocasiones, pero si era increible el rugido del mar que me rodeaba y como el cielo gris se iba tiñendo de colores tras la marcha del sol.
Me quedé hasta bien entrada la noche y el cielo me regaló una lluvia regeneradora que me hacía cosquillas en la cara. Llegué tan empapada al hotel que alguna persona con quien me crucé me miró sorprendida, y es que mi pelo parecía salido de la ducha!
Al día siguiente trabajaba todo el día, y aunque comenzó lluvioso, el día quedó espléndido. Así que antes de volver a casa en coche, no pude resistirme a ver un nuevo anochecer en la Caleta, este sí luciendo en un cielo prácticamente despejado.
Me gustó que más personas se sentasen también a disfrutar del simple momento de contemplar la caída del sol. Deberíamos buscar estos momentos para nosotros más a menudo…
Como prometí a Sarita, aquí os dejo las imágenes de mis anocheceres en la Caleta. Os deseo un feliz comienzo de semana, en que espero amanezcan grandes sensaciones…