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Hoy ha sido un día raro. Sin duda no puedo definirlo mejor.
Podría complementarlo con: reflexivo, sensible, cansado, intenso, y seguro que más cosas.
Acabo de llegar a casa y llueve. Cuando me bajé del coche elegí dejarme mojar un poco por la lluvia. Es limpia y refrescante. Espero que nutra mi cabeza como hace con las plantas.
Lo simple siempre me conduce a lugares mucho más productivos para mí.
En días tan cargados es difícil limpiarse, aunque la lluvia ayuda, como no.
Hoy quiero quedarme con esa lluvia fresca; con una primavera en ebullición.
Me quedo con las alegrías compartidas, lo que está por venir.
Disfruto saboreando la flexibilidad y equilibrio de mi clase de Balance.
Las charlas frívolas en los vestuarios del gimnasio. Lo sencillo.
Me quedo con la música de las gotas de agua en la calle.
Ya me recuerdan a él porque sé que le gusta la lluvia.
Me guardo dentro la confluencia de un duende, las sonrisas en las nubes.
Cuando esas personas en las que piensas te llaman.
Cuando el cariño que necesitas llega por sorpresa y te emociona.
Porque en días como hoy, sensibilidad sobra, por eso la he dejado en la calle refrescándose.
Sobre todas las cosas me quedo con el Amor (y no me refiero al amor de pareja, no, al otro, el universal, que también afecta a la pareja, claro):
la comprensión, la aceptación, el respeto y la entrega desinteresada.
Quiero que eso sea el cielo bajo el que camino.
A veces olvidamos hasta el suelo que pisamos y por eso me quedo también con los coscorrones que nos recuerdan lo esencial, que ya sabemos, es invisible a los ojos…
…y deja que llueva, deja que llueva…
No olvidemos que después de llover sale el sol…
«…Rey sol, perdí mi tren
por ser quien soy y ver el mundo del revés.
Caí por crecer, callé por hablar,
confundo el agua con la sal.
Aprendimos a mirar
con la duda entre los dedos y a tientas.
Descubrimos que al final
las palabras que no existen nos pueden salvar…»
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Post Data: Y tú, ¿con qué te quedas hoy? 🙂





