…implica muchas veces Aceptar, adaptarnos al cambio y seguir evolucionando cerrando las heridas que sufran nuestros pies en el camino.

Image by lukeshannon
Aceptar, Aceptar, Aceptar me parece a veces la cumbre más codiciada. Esa calma en mi interior que se derive de aceptar aquello que termina, las puertas cerradas, las relaciones que cambian, lo que ya nunca vuelve.
Quizá simplemente deba caminar sin plantearme subir a ningún lugar, limitarme a seguir el proceso del camino. Quizá sea puntillosa, quizá impaciente, quizá cabezota, quizá inmadura.
Experimentamos pequeñas muertes. Son los duelos cotidianos, jarrones rotos que nunca volverán a estar enteros. Me cuesta mucho escribir y a la vez clarifica, mirarse en ese espejo que sois vosotros.
Es la niña la que llora y se rebela, la que no quiere aceptar. Llora, llora y llora durante 5 minutos. Exhausta y descargada, para. Sonrie levemente, más liberada. (Recuerda a la Cenicienta, que cuando rompió a llorar, lo hizo también por sus vidas pasadas). Y la pena vuelve como ola de mar para desbordarla unos cuantos minutos más. Piensa que cuando duerma y amanezca, las cosas no serán tan tristes, pulsará el botón de «reset» de su mente.
Suerte que hay un adulto dentro de todos nosotros, que nos llevará cola cao a la cama, nos arropará y nos recordará que «esto también pasará«.
Sintiendo…
Aparte de la canción, acompañaría este post con su vídeo, aquí.














