
Image by mescamesh
Hace más de un mes que empecé mi trabajo nuevo y me sigue sorprendiendo lo revolucionado que sigue mi cuerpo. Ya me decía el homeópata que acuso mucho los cambios y sin duda así es. Estoy asociada a una planta que se llama Pulsatilla. De ella también habló mi amiga Ana hace algún tiempo. Aquí. Es una planta asociada a las personas que nos damos demasiado, a menudo con la búsqueda de afecto y reconocimiento en ello.
Me gusta recordar como hablaba el salao del homópata sobre la pulsatilla. Ella es una flor que crece en las montañas, entre las rocas, en los huequecitos. Crece hasta despegarse de los sépalos, de su cuna. Se queda contenta después de haber trepado, tomando el sol, con sus pelitos en los tallos, moradita y preciosa. Sin embargo, llega un viento revolucionario y la tambalea, y como no, acusa mucho los cambios.
Aparte de pulsatilla, también me asocio con el lycopodium, una planta que crece por el suelo, se extiende y trepa, echando raíces en varios sitios. Esta planta se asocia con personas que parecen muy seguras de si mismas y esconden una niña miedosa con problemas de aceptación.
Precisamente es esta parte de mi la que me ocasiona estas digestiones lentas emocionales. Es curioso como muchas personas ni se plantean que sus problemas físicos estén directamente asociados a sus males emocionales. No he profundizado mucho en el tema; más bien lo he hecho cuando he mirado hacia dentro, intentando racionalizar mis emociones y buscar alguna causa a mis males. Sin embargo, no hay mucho que pensar para darme cuenta de que me cuesta digerir todo lo que estoy viviendo(nuevos retos, trabajo en equipo, aceptación mía y de los demás, viajes por lugares desconocidos, búsquedas y encuentros sucesivos, etc).
Estoy encantada, voy feliz a trabajar. Creo que por primera vez en mi vida tengo un trabajo que me motiva hasta este punto. Quizá sea pasajero y me baje el nivel de emoción, esta claro que todo lo nuevo genera mucha adrenalina. Pero entonces, ¿por qué físicamente estoy tan revuelta? Ya estoy cogiendo fuerzas físicas y tengo más energía pero, ¿qué pasa con esta guerra civil digestiva? ¿Seguiré así antes de cada viaje?
No deja de maravillarme como la razón y la emoción pueden caminar por senderos tan dispares. Yo me repito: «¡Pero si estoy bien! Ya he hecho mi primer viaje, ha sido duro pero he podido con todo y me he demostrado a mi misma que mi trabajo me gusta y estoy avanzando!»
Mi estómago responde: «gurrú gurrú gurrú….(burbuja… revoltijo…. burbuja)»
Y yo le digo a mi estómago: «Pues nada, tómate tu tiempo… No voy a discutir»
Ya iremos digiriendo juntos los miedos e inseguridades que no toman forma en el mundo racional y sobrevuelan el subconsciente y la emoción.
Un sorbete de limón perfumado de lycopodium podría ser un buen postre esta noche.
Namasté, queridos navegantes.








