24 May 2011

Archivado en En Batallando con el mundo, Desde mis Brumas | 7 Comentarios

Negociación personal

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image by jayylow

Quizá por este afán por comprendernos, en los últimos tiempos he reflexionado mucho sobre los diferentes roles de cada uno, nuestras personalidades y la interacción entre ellas.

He jugado con la niña, me he enfadado con la exigencia de la madre, he agradecido la intermediación del adulto. Solo la buena relación entre las tres puede mantener un equilibrio, en mi opinión, claro. Ya me lo había explicado un homeópata, es el triángulo PAN: el Padre, el Adulto y el Niño. (en mi caso MAN, jajaja)

Puede ser que sea mi fascinación por la psicología y la personalidad lo que me mantiene siempre curiosa intentando comprender la relación entre la razón y la emoción. Somos como somos y a veces pensamos que los demás son como nosotros, no llegando a comprender realmente que se pueda sentir distinto, más o menos intensamente. Un mismo acto puede ser imperceptible para unos y generar un arañazo en el corazón de otros al mismo tiempo.

¿Y esa sensibilidad? ¿Cómo suben y bajan sus niveles? En mi caso, se que soy muy «sentida», como digo yo, en ocasiones puedo explotar de sentimiento y vida, tanto para lo más simple y bonito, como para lo más arraigado, las soledades o las carencias. Seremos las mujeres y nuestra naturaleza de mareas, o no, pero hay días en que afloran sentimientos desde lo más profundo y cuesta explicar la razón de ese sentir tan intenso. Es en ese momento cuando cuesta horrores negociar con la niña que se retuerce de rabia, impotencia o desconsuelo.

Sin embargo, observándome, me he dado cuenta que al ejercitar y distinguir estos roles, es mucho más sencillo que interactúen entre sí. Hace poco, con una tristeza grande, vi al adulto tomar las riendas y elegir lo mejor para la niña que lloraba. Era decirme a mi misma: Vístete, arréglate y sal, sabes que será mejor. Mientras tanto solo tenía ganas de tirarme y me abandonaban las fuerzas. Esa negociación no fue difícil, el Adulto ejercía de apoyo a la Madre y la niña resignada sabía también que ambas tenían razón.

Hay momentos en los que «se cruza un cable» y cuesta mucho volverlo a su sitio, en los que hay una parte de razón consciente que te dice que la emoción te está dominando y no puedes ver con claridad. Pero estos momentos son cada vez más breves y más rápidamente resueltos. Es una utopía pensar en el equilibrio permanente; sin los momentos de «descontrol» no podríamos apreciar este equilibrio de hecho. Es un afán del caminante encontrarse cada vez más cerca de una misma, y al menos, comprenderse cada día un poquito más.

Negociar. Aceptar. Conocer.
Para poder amar.

  1. Cuánto más eres capaz de reconocer esos roles dentro de ti, y eres capaz de conjugarlos, más capaz eres de aceptar que los demás también cambian, fluyen y tienen sus propias mareas dentro. Dificil lo de la negociación interior pero gratificante.
    Me ha encantado lo «naturaleza de mareas» , mi montaña rusa de sentimientos y emociones yo la catalogo como «agua de levante».

    Sabia Bruma, mil besos!!!! 😉

  2. Muy bueno y fácil de leer el post… si señor… no había pensado nunca en ese triángulo… pero lo haré.
    Espero que estés bien 🙂
    Tenemol que hablal, yo querel mucho, tu sabel

  3. Eva: Tienes razón, no he dicho eso, pero conocernos en lo bueno y en lo malo nos ayuda a empatizar y mirar más allá, es cierto.
    Agua de levante… refrescante!! 🙂

    KATRE: Gracias tesoro. Si que tenemoh que hablah! te echo de menos. =*

  4. Para intentar comprender mi personalidad prefiero simplificar. Unos días estaré feliz, otros más triste, otros más mimosa, otros necesitaré sentirme responsable y otros olvidar las responsabilidades… pero pensar en la idea de este triángulo que a ti te ayuda a comprenderte a mi me da vértigo, un vértigo de sentir que confluyen en mi varias «yos» y comienzo a pensar en que tal vez sea necesario medicarme. Prefiero admitir que como casi todo el mundo soy compleja y así intento comprenderme, es lo mismo que explicas tú con la mamá, la niña y la adulta pero desde otro punto de vista.
    Estoy contigo en que es imposible mantener un equilibrio permanente porque somos emocionables y cada acto, situación puede afectarnos de una forma u otra según la situación o el estado de ánimo.
    Aunque yo no sienta esa trinidad, si a ti te ayuda a comprenderte y a lidiar con tus cambios es estupendo.

    Un abrazo cálido.

  5. Lo has explicado muy bien. Yo simplifico entre dos fuerzas: la cabeza y el corazón. Al final suelo optar (salvo raras excepciones) por el camino que me dicta el corazón, pues la experiencia de los años me dice que es el que me hace más feliz. Pero sí, siempre hay que estar negociando y tener claro que siempre podemos equivocarnos pues no somos máquinas infalibles.

    biquiños.

  6. Shubhaa says:

    Bruma, es curioso porque siempre había oído hablar de ese trinomio en comunicación interpersonal, pero nunca aplicándolo a una sola persona, interesante reflexión. Yo también tiendo a simplificar y a no verlas como entes distintos, sino como facetas de la misma persona. Yo iría más allá del conocer y del aceptar, añadiría el respetar y sobretodo el no pelear. Tal vez intentamos racionalizar lo que simplemente hay que sentir. Yo intento cada vez menos entenderme y más dejarme ser…
    Besos de 3 en 1

  7. Tegala: es interesante como una misma cosa puede ayudar a unos y agobiar a otros, ahi esta nuestrta diferencia y lo que nos hace únicos. Lo primero es respetarse y comprenderse a uno mismo, utilicemos personalidades o no para ello. Un gusto leerte siempre. Te echo de menos!

    Aldabra: Si, el niño es el corazón y el adulto la cabeza. Para mi la Madre o el Padre son la parte exigente de nosotros mismos, a la q en mi caso intento también tener en su sitio para no pasarme en exigencias. Q a veces nos pasamos! Apertas!

    Shu: Gracias! Entes o facetas, como se quiera llamar. El respeto si q hay q añadirlo a la lista, vaya si es importante, es parte de la base. Me encanta tu frase del final: menos entender y más fluir, dejar ser…
    Grande! Un achuchon bien fuerte.

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